Archivo mensual: octubre 2013

ESPARZA: HERENCIAS PROFANAS

Esparza 01

Este 4 de octubre muy de mañana la clase política hizo su arribo a las instalaciones del Complejo Cultural Universitario como si el tiempo apremiara, presas de una urgencia inusitada la cita se asumió como impostergable: el rector interino Alfonso Esparza Ortiz, que hasta esta madrugada fungiera como “candidato a rector electo”, rindió protesta en el cargo más importante de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla para el periodo 2013-2017: funcionarios y representantes de primer nivel de los gobiernos federal, estatal y municipal; un grupo muy bien escogido de candidatos electos que muy pronto cobrarán su importancia en los encabezados de la prensa nacional y local; así como algunos miembros prominentes, de esos que ostentan credenciales a perpetuidad entre los partidos políticos de tradición y hasta de ocasión se encontraban entre la concurrencia; a unos cuantos metros también hicieron presencia los empresarios, inversionistas y concesionarios más influyentes del estado y la región; sin olvidarnos del alto clero que ataviados con la autoridad moral que les caracteriza dieron su bendición sin perder ningún detalle de la ocasión; por supuesto el Consejo Universitario, vicerrectores, directores de las unidades académicas, profesores y trabajadores no académicos, así como el personal administrativo junto con algunos estudiantes, rellenaron felizmente la glamurosa escena desde gayola.

La “pompa y circunstancia” de esta mañana no era para menos; el evento reprodujo la vulgar ficción que desde hace varios días exhiben espectaculares, periódicos, revistas y pasquines, contaminando el espacio físico e institucional que supone la máxima casa de estudios con la megalomanía de costumbre: “un bigote grandilocuente” enfundado en un burócrata de triste figura, un leitmotiv que se repite una y mil veces y que por momentos nos recuerda los primeros años de Enrique Agüera en la oficina central del Colegio Carolino. En cada una de estas escenas sólo cambia el paisaje, y qué vergüenza que la universidad pública en Puebla sea haya reducido a un mero paisaje aderezado para el lucimiento de un solo hombre: en algunas ocasiones son los docentes sosteniendo sus definitividades los que aparecen como escenografía; en otras se trata de un grupo “genuino” de estudiantes muy contentos por haber tocado a su “rey tamaturgo”; otras imágenes son más clásicas, simplemente muestran la infraestructura y los clichés propios del desempeño profesional docente, pero siempre en segundo plano y retocados por el photoshop que hace invisible al espectador las goteras de los nuevos edificios, la mala calidad de las lobobicis y el riesgo latente de las ciclovías en Ciudad Universitaria, o sencillamente la abismal distancia entre el salario de los catedráticos y el del funcionario en cuestión.

Toda esta parafernalia, por supuesto, no es obra de la mera casualidad; está diseñada para reproducir una falacia y una perversión. La primera es muy obvia: “la Universidad es producto del esfuerzo de todos comandado por uno sólo”; la afirmación suena tan plausible que más de uno se la tragó completa esta mañana en el Complejo Cultural Universitario. Y dicho sea de paso es un auténtico acto de barbarie que la comunicación social de la BUAP se concentre en la propagación de semejante tautología. Los logros, los indicadores, las acreditaciones son un esfuerzo colectivo, colegiado y loable, pero al final una danza de cifras que expresan muy poco sobre la relación vital de la universidad, aquella que ocurre en el aula y extramuros, en el proceso de enseñanza-aprendizaje entre alumno y profesor que nos llevan finalmente a la meta central de la Universidad: la profesionalización de nuestros estudiantes. Tristemente ese es un asunto obviado y transgredido por la estrategia institucional del culto a la personalidad de nuestros rectores.

La perversión es todavía más interesante, se dice que “la BUAP vive un periodo de estabilidad, que ha superado el ciclo de crisis recurrentes que la han fustigado desde los años 50”, en las palabras de Fernando Santiesteban –publicadas en este mismo periódico digital–, “son ya más de dos décadas de transiciones tersas en el mando universitario, desde el Maestro José Doger Corte, pasando por Enrique Doger Guerrero y Enrique Agüera Ibáñez, este mes de marzo, la rectoría queda en manos de Alfonso Esparza Ortiz”; argumentó el funcionario. Pero ¿acaso no hay razones suficientes para hablar de una crisis cuando esta mañana tomó posesión alguien que lleva casi medio año al frente del cargo ejecutivo más importante de la Universidad? O dicho de manera más directa, ¿que la función pública de la rectoría, con todos los recursos públicos, técnicos y humanos que este desempeño supone, haya sido utilizada como plataforma política por Enrique Doger y Agüera Ibáñez no son razones suficientes para hablar de una crisis de descomunales repercusiones? Obviamente a muchos les conviene encubrir el oficialismo con los falsos ropajes de un “terciopelo” que curiosamente se ha acomodado a los intereses del poder público, negando la actitud crítica de nuestra Universidad junto con su capacidad para proponer e implementar mejores alternativas al desarrollo político y social de Puebla y la región. En suma discrepo abiertamente: nos encontramos frente a una herencia que operada desde el Carolino ha profanado nuestra autonomía, precisamente desde hace dos décadas.

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Archivado bajo Columna, Política