HANNAH VA AL CINE

Hannah Arendt The film

Suscribo la opinión de Jesús Silva Herzog-Márquez: la actriz –Barbara Sukowa– “no respira el aire de Arendt”.

A pesar de que el guión deliberadamente omitió la tensión “obediencia vs. consentimiento”, fundamental para entender la discusión filosófica en torno a los Juicios de Eichmann, y centro de toda la proyección –por momentos parecía que Arendt era tan sólo un pretexto para hablar del tema–, y no obstante que una de las intenciones profundas de la dirección de Margarethe Von Trotta se concentró en rebatir “la memoria del dolor” del pueblo judío registrada por cientos de películas hollywoodenses, desde el espacio inmejorable de una proyección con etiqueta alemana, para finalmente abordar el intrincado tema del papel de los líderes judíos frente al holocausto; a pesar de todo eso la cinta muestra un hecho poco explorado: la reacción del “microcosmos” –“ese refugio contra el mundo”, para usar las palabras de la propia Hannah– que ocasionaron sus artículos publicados en The New Yorker en su círculo más íntimo de vida formado por amigos, estudiantes, colegas y vecinos.

Si de lo que se trataba era de reflexionar sobre las ideas del pensador político más brillante del siglo XX, tomemos entonces la aportación fílmica de Von Trotta como un extraordinario y afortunado pretexto.

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