EL EXILIO DE ATENEA

Buap - Carolino

“La Universidad es la única institución secular basada todavía en el principio de la autoridad”

Hannah Arendt

La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla vive una crisis sin precedentes. La institución todavía no se recupera de la aventura suicida de Enrique Agüera en su intento por convertirse en el próximo presidente municipal de Puebla, su derrota y humillación pública pusieron al descubierto todo lo impresentable de su figura: su riqueza obscena, la falta de consistencia en su visión sobre la cosa pública, por no hablar de sus infinitas limitaciones en asombrosa contradicción con la pulcritud académica de sus cartas credenciales. Los miles de encabezados y programas de radio y televisión que hace algunas semanas sugirieron deudas, tráfico de influencias y enriquecimiento ilícito; hoy permanecen en la conciencia colectiva de ciudadanos que por primera vez cuestionan el discurso de excelencia que la BUAP había acaparado en los últimos años. En una palabra los apetitos políticos de quien fuera el vocero de los logros universitarios han desembocado en el peor de los escenarios posibles: en el extravío de la autonomía de la máxima casa de estudios del estado.

En los últimos días la gravedad de la situación ha llegado a extremos desbordantes. El pasado 12 de agosto el Consejo Universitario publicó la Convocatoria que constriñe las bases para el nombramiento de rector para el periodo 2013-2017; detrás de la pulcritud de sus procedimientos sus implicaciones resultaron imperdonables:

En primer lugar se facultó a la Comisión de Auscultación para valorar y confirmar la idoneidad de los perfiles y trayectorias académicas producto de las nominaciones de los universitarios comprendidas entre los días 19 y 20 del presente. Cualquiera de los aspirantes que cumplió a cabalidad con los requisitos de idoneidad tuvo siete días –a partir de la fecha de publicación de la Convocatoria– para preparar su documentación y solicitar los apoyos necesarios en su unidad académica, en toda Ciudad Universitaria, centro, y eventualmente en el basto complejo de unidades regionales. La dificultad de esta tarea es exorbitante a menos que, desde luego, sea operada con el beneplácito de las estructuras del poder central.

Posterior a las entrevistas programadas para los días 21 y 22, y la ratificación de idoneidad del día 23 por parte de la misma Comisión de Auscultación, el maximalismo se impuso tras los ropajes del aparente consenso. Alfonso Esparza Ortiz, un funcionario de carrera que hasta hace unos meses apenas era reconocido más allá de los muros del Carolino, recibió el apoyo de 92 agrupaciones y unidades académicas con un total de 43 mil 930 firmas. Las otras tres postulaciones no valdría la pena comentarlas, tristemente emulan el papel que jugó López Mayo hace una década con algunas adecuaciones pintorescas.

Con la premura como consigna el día 26 se llevará a efecto el registro, y entre el 29 agosto y el 7 de septiembre transcurrirán las campañas. Los candidatos tendrán nueve días para debatir, proponer y acordar el nuevo rumbo de la BUAP con académicos, personal administrativo y estudiantes de media docena de preparatorias, al menos 24 unidades académicas que albergan 76 programas de licenciatura y 68 de posgrado, así como diez secciones regionales a lo largo y ancho de la entidad, cada una por cierto con necesidades propias bajo el brazo. En ese contexto resulta evidente que la “auscultación sectorial de la comunidad universitaria”, a celebrarse el próximo 11 de septiembre, será tan sólo una simulación plebiscitaria motivada por una convocatoria excluyente, predestinada a legitimar con las urnas una continuidad escandalosamente preestablecida.

Los principios más esenciales de la democracia ateniense, la posibilidad de que cualquier ciudadano –profesor o investigador titular definitivo, para este caso– puede ser juez y magistrado –académico y rector–, nos ha abandonado de principio. La competencia, los proyectos y el debate entre “los unos, los otros y los distintos” –como le gustaba decir a Arendt– han dejado a su infortunio al Carolino y a todo lo que representa; en tanto que la autoridad de la universidad, me refiero a su autonomía en esencia, se ha fragmentado de principio.

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2 comentarios

Archivado bajo Columna, Política

2 Respuestas a “EL EXILIO DE ATENEA

  1. Norberto Calva Cano

    Eso es lo que necesita la verdadera Universidad, quitarse el lastre de la autoridad en la figura del rector, caso concreto Agüera que ha dejado una estela de desprestigio a la Universidad. En hora buena Maestro Enrique Cuevas. Le saluda un alumno que no lo conoció físicamente pero que interactuamos por las redes de la Benemérita.

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