PUEBLA NO ES AMSTERDAM

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Todos aquellos que a diario sufrimos –y con frecuencia disfrutamos– la ciudad de Puebla recordamos con irreverente sarcasmo el experimento fallido de ciclovía que Blanca Alcalá –hoy senadora de la república– inauguró sobre la 31 Oriente, entre Boulevard 5 de Mayo y Avenida 24 Sur. Este corredor, que perfectamente puede hacer las veces de un arma suicida para aquél aventurado ciclista que se atreva a utilizarlo, tristemente fue el primer referente de infraestructura apta para la movilidad no motorizada en la capital de la entidad.

Dicen que la historia tiene la manía de repetirse. A finales del año pasado el alcalde Eduardo Rivera, en el marco del Corredor Turístico Los Fuertes-Catedral, anunció la construcción de un proyecto similar en el Centro Histórico. Desde luego muchos ecologistas entusiastas vieron detrás de una decisión tan peculiar el primer paso para la “peatonización” del primer cuadro de la ciudad; no obstante conforme fueron avanzando los trabajos el beneplácito se fue desvaneciendo. Poco a poco, entre los meses de enero y febrero de 2013, los corredores fueron emergiendo del trazo urbano del siglo XVII para situarse sobre la 7 Oriente-Poniente y la 5 Norte principalmente.

Los desperfectos salieron a relucir desde el primer día: a) la carpeta asfáltica no está homologada, tampoco el ancho de la vía, en algunas calles hay adoquín en otras concreto estampado, algunos tramos cuentan con 2.50 metros de ancho y otros con sólo 1/3 de esa amplitud; b) ciertamente existen zonas con delineadores reflejantes y esferas de seguridad mientras que otras apenas llegan a vieletas incapaces de brindar protección a los esporádicos ciclistas; c) asimismo habría que considerar que la reducción de los carriles predispuestos para la circulación vial fue dramática, y aunque se intentó solucionar este problema prohibiendo el estacionamiento en las laterales, la falta de infracciones por parte de Tránsito Municipal ha reducido la afluencia a un solo carril, causando un incremento significativo en aquello que toda ciclopista pretende evitar: congestionamiento y contaminación ambiental; d) finalmente, y por si todo lo anterior no fuera suficiente, los mediocres esfuerzos de la señalética han dejado a las veredas carentes de sentido y dirección.

Y aunque cada uno de estos factores son más que suficientes para declarar el desafortunado experimento “ecológico” de Eduardo Rivera, de la regidora Verónica Mastretta así como de la Comisión de Transporte y Medio Ambiente del ayuntamiento como una obra inconclusa, no planificada y defectuosa en el más amplio sentido de las palabras; habría que añadir una serie de componentes  vernáculos que bien podrían sintetizarse en la siguiente expresión: “Puebla no es Ámsterdam”.

La comuna no consideró que llevar una ciclopista al centro histórico de la ciudad implica un despliegue cuantioso de recursos públicos y humanos que van más allá de la simple infraestructura que requiere una movilidad no motorizada: en primer instancia se necesitan modificaciones al COREMUN para flexibilizar los usos de suelo que permitan más estacionamientos, con precios más accesibles, que permitan a los ciudadanos “bajarse de sus autos” para “subirse a sus bicicletas”; en esa misma lógica también habría que establecer reformas a los reglamentos de tránsito, acompañadas de patrullajes sistemáticos capaces de llevar a efecto las infracciones pertinentes; y aun así todo esto sería inútil sin campañas sociales, mediáticas en esencia, que extiendan entre los automovilistas y operadores del transporte público una cultura vial de respeto y preferencia a los peatones y ciclistas; además de una serie de fatigas frecuentes por parte de los elementos de la SSPTM para mantener a raya el comercio informal y evitar lo que hoy está sucediendo a lo largo de la 5 Norte, que la ciclopista en vez de ser un espacio recreativo y turístico se convierta en un lugar de resguardo y protección de los ambulantes.

Por supuesto desde los balcones de palacio municipal estos y muchos otros problemas no se alcanzaron a vislumbrar con claridad, la miopía de los regidores fue descomunal, pues optaron por fetichizar el llamado “ciclismo urbano” tornándolo en un motivo de escarnio e indignación pública. Así las cosas en Puebla, definitivamente cada día más lejos de “la ciudad que queremos”.

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3 comentarios

Archivado bajo Columna, Política Pública

3 Respuestas a “PUEBLA NO ES AMSTERDAM

  1. Buenas noches.
    Eso de “bajarse de sus autos” para “subirse a sus bicicletas” no apunta a personas interesadas verdaderamente en el ciclismo. Considero más constructivo primero utilizar las nuevas obras y luego emitir una opinión objetiva. En efecto, “Puebla no es Ámsterdam”, pero no creo que sea ese el punto. El punto es mejorar las condiciones de tránsito de nuestra ciudad.
    Gracias.

    • Acabas de abrir el debate. La ciclovías en este país no son para los ciclistas, ellos tienen una ruta no fija, no se mueven en circuitos cerrados. Esa infraestructura es para turismo, recreación. De cualquier modo te agradezco mucho tu lectura, y tu crítica que de eso se trata. Gracias.

  2. De nada. Creo que una de las principales cuestiones que me preocupan es la infraestructura urbana y el desarrollo, sobre todo en una urbe como Puebla. Siendo la cuarta área metropolitana del país, estas preocupaciones deberían concernir a la mayoría de los que aquí habitamos.

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