LA MARCHA DE LAS IZQUIERDAS: UNA CRÍTICA A LA MECÁNICA DE LA RUPTURA

Erase una vez el año de 1987 cuando un grupo de notables, marginados por la administración del presidente Miguel de la Madrid, desafiaron la disciplina impuesta por el partido ocasionando la mayor ruptura que el PRI recuerde desde el momento de su fundación: los protagonistas de aquella arenga fueron el exgobernador de Michoacán Cuauhtémoc Cárdenas y el expresidente del CEN del Revolucionario Institucional durante el sexenio de Luis Echeverría, Porfirio Muñoz Ledo. En pocos días este par de personajes, desde las entrañas del régimen, encabezaron la llamada Corriente Democrática cuyo único objetivo era tan subversivo como simple: poner a debate la idoneidad de la política económica y social puesta en marcha por el presidente a lo largo de su sexenio.

La solución por la que optó Corriente Democrática, muy similar a la que propondría Francisco I. Madero en 1911, se supeditó a la implementación de mecanismos de verdadera democracia al interior de la clase gobernante. Desde luego el costo político resultó ser mayúsculo. En 1988 terminó por romperse una de las reglas no escritas del sistema bajo un supuesto casi obvio: la verdadera apertura, dictaban los cánones de la época, sólo podía conseguirse en detrimento del poder del Ejecutivo. En ese contexto vio la luz el Frente Democrático Nacional conformado por una coalición de disconformes, lo suficientemente aptos como para instaurar un partido de izquierda desde lo profundo de una dictadura liberal progresista; así como absolutamente incapaces para superar la derrota histórica que implicó la caída del muro de Berlín y la muerte del socialismo “realmente existente”.

El manifiesto del FDN, en contracorriente con la liberalización económica, era tan viejo como singular en sus fundamentos: principalmente se centró en la necesidad de revertir el proceso de empobrecimiento de las mayorías, disminuir el desmantelamiento del aparato paraestatal, así como dejar de apostarle al pago de la deuda generando “un cambio verdadero” dirigido a reanudar el crecimiento económico. Parece que las cosas no se han movido mucho desde entonces. En 1988 un total de 19 106176 ciudadanos acudieron a las urnas; los resultados fluyeron con tanta lentitud que les fue muy fácil a la oposición y a la opinión pública mantenerse incrédulos frente al 50.71 por ciento obtenido por Carlos Salinas de Gortari, el primer candidato del PRI destinado a inaugurar una triste tendencia que no cambiaría su suerte hasta las elecciones de 2012.

Además del descalabro electoral del Revolucionario Institucional –ponderado en 15 puntos con respecto a la última elección federal y 20 comparada con la última presidencial– la palabra fraude atiborraba las plazas y avenidas a tambor batiente. Las reacciones de Cárdenas y el FDN no se hicieron esperar: concretamente demandaban la renuncia al cargo del “presidente electo” así como un interinato en el marco de una convocatoria para nuevas elecciones. El clima político, en una verdadera anticipación al año de 2006, corrió en medio de profundas confrontaciones y álgidos litigios; todos ellos fueron inútiles, la maquinaria del sistema se impuso y el 1 de diciembre Salinas tomó posesión de la oficina central de Los Pinos con un saldo de legitimidad impensable para cualquiera de sus antecesores.

Contra todo pronóstico el Ingeniero Cárdenas, respaldado por el 30.59 por ciento del total de los sufragios –5 843779 en términos nominales–, simplemente le extendió un cheque en blanco a las instituciones comandadas por el régimen. “Ruptura que transige es una ruptura concedida”; debieron escribir los analistas de la época. En un vuelco profundamente conservador, y a sabiendas de la inequidad del sistema electoral, desde el momento de su fundación el Partido de la Revolución Democrática decidió contender por el poder apegándose a las reglas del régimen del que paradójicamente se intentaba desmarcar. Así, inmerso en una tensión sistemática entre ruptura anticipada y disciplina progresiva inició la marcha de las izquierdas; un cuarto de siglo ha transcurrido desde entonces y una de las grandes recompensas del PRD ha sido la frustración como resultado de la contienda.

Durante las elecciones presidenciales de 1994, en una singular necedad predestinada a convertirse en el leitmotiv del partido del sol azteca, Cuauhtémoc Cárdenas contendió por segunda vez por la presidencia obteniendo 16.60 por ciento de las preferencias electorales –60 208 sufragios más que en 1988–. Un sexenio después su obstinación lo llevaría a conseguir un 16.64 por ciento que en términos nominales superó el tope de 1994 por la escasa cifra de 352 793 votos. Las elecciones del año 2000 sumergieron al PRD en una crisis profunda, su inercia electoral fue la gran responsable de la pérdida del monopolio legítimo del antipriismo nacional al haber sido despojado, por la coyuntura de una alternancia histórica capitalizada por Acción Nacional, de su único emblema de cohesión interna: “sacar al PRI de Los Pinos para democratizar a México”.

Un sexenio después, sin dar un paso más allá de las fronteras de su singular conservadurismo, el PRD decidió “reinventarse antes que morir” en el intento que suponían los comicios del 2006. No es casual que Andrés Manuel López Obrador, guardando las formas de la ruptura, haya “mandado al diablo a sus instituciones” en un intento de refundación y redireccionamiento de la marcha de las izquierdas. Desde luego se trata de una declaración que, tras la falsa imagen de un radicalismo contencioso, fue capaz de encubrir el cambio en la estafeta moral así como la revitalización del manifiesto original del FDN. “Haiga sido como haiga sido”, y al menos por un instante en la historia del PRD, por primera vez la mecánica ya no implicaba una ruptura ex ante predestinada a capitalizar las preferencias electorales ex post; finalmente el partido se había despojado de las ataduras de una tregua abiertamente manifiesta.

Andrés Manuel llegó con 18 años de retraso a las filas de la izquierda. A pesar de enfrentar dignamente un complot orquestado por el gobierno federal y de lidiar con una campaña negativa sin precedentes en la historia electoral de este país; conquistó el respaldo del 35.31 por ciento de los sufragios –14 756350 en términos nominales– y, sin embargo, la presidencia de la república “se le escurrió de las manos” por la cifra récord de 0.58 por ciento. Una vez más, en una suerte de “parangón elíptico” al contexto de 1988, las calles y las plazas estaban atestadas de protestas; incluso Paseo de la Reforma, el principal corredor comercial de este país, fue tomado por un alud de campamentos que cometieron la osadía de “ser realistas pidiendo lo imposible”, de forzar a las instituciones a entender que “la ley no era la letra –como decía Hobbes– sino la intención del legislador” y hacer un recuento total de los votos.

Como pez en el agua, tras el hostigamiento marcado por un desafuero y con la probada intervención del gobierno federal en su contra, AMLO sostuvo hasta sus últimas consecuencias el único discurso creíble: “un fraude había sido operado” por la alta clase política que, contradictoriamente, emergió y sobrevivió a una transición democrática. Así que apegado a la vieja tradición del siglo XIX mexicano, en una actitud claramente pactista y azuzando el artículo 39 de la Constitución de 1917, López Obrador dotó de nuevos contenidos a la ruptura de las izquierdas llamando a una Convención Nacional Democrática celebrada el 20 de noviembre frente a Palacio Nacional, en una fecha de antaño significativa para el Revolucionario Institucional se contaron los millones de manos que se alzaron para votar por “el presidente de un gobierno legítimo”.

En una guerra de símbolos, como si el tiempo se hubiera empecinado en marchar a contracorriente, el águila juarista resultó ser la bandera de una nación escindida entre la continuidad y la ruptura. No obstante el sistema político volvió a ganar la partida: Andrés Manuel, tras una faceta abiertamente “amorosa”, buscó una tregua con el sistema electoral y las instituciones políticas que en su conjunto había denostado y sepultado seis años atrás; su disciplina recién adquirida pronto mostró la gravedad de sus efectos, pero se debe sobre todo a su tibieza mostrada durante el segundo debate –transmitido el 10 de junio frente a una audiencia de 27 millones de televidentes– su condena a las izquierdas a contender por el poder desde los márgenes de la democracia y la inequidad.

El daño del ejemplo era cuantioso y contundente: a) la información publicada por The Guardian por primera vez alejaba de toda sospecha el complot que en 2006 había sido orquestado en contra de López Obrador, exhibiendo los nexos inquebrantables de Televisa con el candidato del Revolucionario Institucional; b) un audio amañando difundido por Acción Nacional demostraba los alcances de una campaña negativa centrada en el amarillismo y la mentira; c) las consignas del #MoviminetoYoSoy132 sobre la equidad en el manejo de la información y el uso selectivo de los comentarios editoriales vaciaba de contenido la expresión: “si la televisión hiciera presidentes, usted sería presidente”, pronunciada por el candidato del PRI durante el primer debate; d) el escándalo del exgobernador de Tamaulipas Tomás Yarrington, y sus vínculos con el crimen organizado, ponían en entredicho la eficacia de la política de seguridad nacional comandada por el gobierno federal, al igual mostraban la amplitud de los tratos corporativos a disposición de los gobernadores priistas y de la maquinaria electoral del partido.

Nunca antes un candidato había tenido tantas armas a su favor y nunca antes, en esa inmejorable circunstancia, un presidenciable se había atrevido a ser tan escrupulosamente respetuoso y guardar silencio. De acuerdo con los cómputos distritales López Obrador obtuvo el 31.59 por ciento, 1 140649 votos más que en 2006 en una votación total de 50 323153 sufragios emitidos. El silencio de Andrés Manuel fue facturado en 6.62 puntos porcentuales que hicieron posible el retorno al Revolucionario Institucional a la oficina central de Los Pinos. La derrota del PRD fue contundente: después de un cuarto de siglo de luchas, contiendas y consignas; la marcha de las izquierdas ha regresado al punto de partida. En consecuencia calles, plazas y avenidas han sido tomadas por la sociedad civil organizada sólo que esta vez, a diferencia de ocasiones anteriores, el imaginario del fraude se desvanece frente a la inequidad de la contienda expresada en la compra descarada y coacción impune de los sufragios; “la democracia sólo sabe de procedimientos, nada puede hacer frente a la compra-venta de los sufragios”, dice el IFE y los manuales de los sistemas electorales. Esto suena tan plausible que es muy difícil desmitificarlo en una república que ha decidido subastar sus más altos cargos de elección popular.

AMLO, atado de manos por los términos de su propia tregua, resiste apegado a los procedimientos institucionales. A sabiendas de la naturaleza y limitantes del COFIPE ha decidido impugnar la elección por los causes legales; al tiempo que ha convocado a un Plan Nacional para la Defensa de la Democracia y la Dignidad de México. Claramente Andrés Manuel se ha condenado a un exilio voluntario y simbólico; su lucha ya no es política y menos aún electoral, ahora su resistencia es moral. ¿Y qué otra opción le quedaba después de un silencio tan abrumador?

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5 comentarios

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5 Respuestas a “LA MARCHA DE LAS IZQUIERDAS: UNA CRÍTICA A LA MECÁNICA DE LA RUPTURA

  1. Y AMLO seguirá el camino que siguió Cuauhtémoc Cárdenas.

  2. kecholozz

    Lamentablemente siempre se ha visto y hecho presente la tragedia mexicana. Somos parte del todo, de aquel mal encarnado en 1928 con el nombre de Partido Nacional Revolucionario, conocido hoy como PRI.
    Somos un pai’s joven, lleno mas de obsta’culos y de problemas contra el progreso social que de avances, de igualdad tratados de imitar con el afrancesamiento mexicano a finales del Siglo XIX.

    Somos esa herida que jama’s se ha podido cerrar, q jama’s ha podido cicatrizar…
    hoy se comprueba ma’s q nunca que vivimos bajo el mismo re’gimen, disfrazado o lleno de “ma’scaras mexicanas” como la supuesta transicio’n democra’tica del anio 2000….

    Me’xico es ese gran hi’brido falto de todo y dependiente del todo…

    Bien cita Chantal Mouffe que en pai’ses donde predomina la ultra-derecha jama’s ha existido una izquierda-social real…. tal es el caso del sistema poli’tico mexicano…

    Andre’z Manuel L’opez Obrador es tal vez aquello citado por la escuela cri’tica de Frankfurt el siglo pasado… “Esa esperanza” como el principio esperanza de Bloch…
    esa esperanza q necesita ser manejada y trabajada…

    Este pai’s jama’s fomentara’ el bienestar social…
    y Las clases y estudios del Federalismo Mexicano nos ha desmostado que la contruccio’n del derecho mexicano solo ha construido al derecho como el protector de las clases dominantes….

    el sistema poli’tico mexicano bn mencionado por Daniel Cosi’o Villegas jama’s dejara’ de ver redentores, o mesias, tal y como la imagen de un “CRisto REdentor” en los personajes pu’bllicos… Si Obrador representaba el mal menor, el PRI y su “ETERNO RETORNO” representa los males de la existencia mexicana presentes en un pasado que no se ha podido conciliar y q no se podra’ hacer….

    me duele al igual que a muchos mexicanos, la tristeza y la tragedia que tiene nuestro pai’s… con una izquierda surgida del partido “hegemo’nico pragma’tico”….

    es ahora donde se comprobara’ simplemente si el mexicano sigue siendo ese ser subyugado q representa ser desde la “conquista”, y q hasta ahora lo sigue siendo, presente en las palabras de Jose’ Antonio Crespo…

    Somos ese mal y solamente “EL SER mexicano” con conciencia lograra’ desatarse de sus cadenas de condena…

    asi’ como ese 1988 donde hasta los panistaas salieron a protestar un fraude electoral, esperemos q se denuncie esta tomada de pelo en la e’poca posmoderna q si no sabe afrontar el mexicano contempora’neo, sera la muestra del cambio o del fracaso eterno al que se esta’ condenado…

    “AMLO, atado de manos por los términos de su propia tregua, resiste apegado a los procedimientos institucionales. A sabiendas de la naturaleza y limitantes del COFIPE ha decidido impugnar la elección por los causes legales; al tiempo que ha convocado a un Plan Nacional para la Defensa de la Democracia y la Dignidad de México. Claramente Andrés Manuel se ha condenado a un exilio voluntario y simbólico; su lucha ya no es política y menos aún electoral, ahora su resistencia es moral. ¿Y qué otra opción le quedaba después de un silencio tan abrumador?”

    si se llega a demostrar en base al derecho lo ocurrido esta eleccio’n se comrpobara’ que el derecho no es mas q un aliciente para la protecccio’n , de salva-guardar los intereses de la oligarquía y de las clases dominantes…
    excelente arti’culo como siempre saludos!

    hace falta tanto para progresar….

  3. De lo anteriormente expuesto sobre la Corriente Democrática que inicialmente nace como una respuesta a los problemas internos del PRI y una exigencia de mejorar la política pública con más contenido social, la exigencia de mejores procesos democráticos donde el presidente electo, como miembro supremo del partido ya no interviniera en la sucesión presidencial, llego a propiciar un cambio a la postre para lo cual fue esencial la crisis del 88 la cual evidencio una gran acción fraudulenta sobre los comicios presidenciales del 6 de julio con la caída del sistema. Pero lo que si me queda como cuestionamiento es que si tras los hechos que se suscitaron y los levantamientos postelectorales, qué hubiese implicado que el candidato Cuautemoc Cárdenas en vez de irse por la vía pacífica y legal y con un marco institucional hubiera optado en su momento por un levantamiento armado ya que como se vio, el desorden civil que por su parte llamo a hacer Manuel Clouthier no dio los cambios que se pretendieron. Y la duda me nace porque en si hubo ciertas causas que pudieron haber legitimado el levantamiento armado; pero otra cuestión importante en caso hipotético que hubiera habido tal levantamiento armado y hubiese triunfado, ¿la izquierda hubiera podido materializar los reclamos de la sociedad?.
    La duda queda y se reafirma de cierto modo, cuando en 2000 con Vicente Fox se dió la alternancia política y no se satisficieron los reclamos pese a que se libero al país, entre comillas del régimen del partido hegemónico de estado que representaba el PRI ya que varios de los cambios no se suscitaron en parte por la fuerza que aun tenia el PRI dentro de la cámara de diputados que fué una de las grandes barreras con que se freno la esperanza que se había ganado…

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